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Hoy quiero hablar sobre una palabra a la que todos tarde o temprano nos tenemos que enfrentar. Un proceso por el que vamos a tener que pasar por el simple hecho de ser humanos. 

Esa palabra, ese proceso, ese túnel que a veces se hace interminable y profundamente doloroso es el Duelo.

Entendemos el duelo como ese sentimiento de pérdida y dolor que existe cuando un ser querido muere.

Ese proceso que vivimos desde el momento de su partida hasta que al final logramos aceptarlo y sentirnos mejor.

Existen muchas fuentes y artículos en donde vas a encontrar las etapas del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Así que no es mi objetivo ahondar en ellas.

Pero si es importante vivir todas las etapas, una a una, en lugar de tratar de evitarlas.

El duelo lo experimentamos no sólo con la muerte de seres queridos. Se presenta con cada uno de los cambios trascendentales en nuestra vida: una separación, perder un trabajo, un cambio de casa o de ciudad..

Muchos, si no todos, hemos atravesado una etapa fuerte de duelo durante el Covid. 

Dejamos de ver a nuestros amigos, cambiamos las oficinas por nuestra casa, tuvimos que acogernos a una cantidad de reglas (a veces sin sentido, otras veces necesarias), para poder sobrevivir; y todos hemos tenido la muerte cerca o hemos perdido a alguien por este virus.

Y esta no es la única pandemia que nos acecha hoy en día.

Las enfermedades mentales, la angustia y la depresión están desbordando las llamadas de emergencia y los suicidios van en aumento – al menos en Europa- 

No es de sorprender: no tenemos contacto social. Y hemos normalizado el término “Distancia Social”el cual es absolutamente incoherente. 

Es así pues que el duelo permea todo lo que tenga que ver con la pérdida. Hoy más que nunca estamos perdiendo a nuestros seres queridos sin que necesariamente ellos mueran.

Las fronteras están cerradas. Personalmente he tenido que aplazar mi viaje a Colombia, durante dos años consecutivos, para ir a visitar a mi familia. Llevo 4 años sin verlos y  los dos últimos han sido por esta pandemia.

El duelo, ese sentimiento de pérdida, esa tristeza absoluta no ha sido valorado como debe ser. Creo que no se le ha dado la importancia que tiene.

Cuando alguien pierde un empleo o termina una relación,  es normal que escuche, “no pasa nada, ya pronto pasará, empieza a buscar rápido un reemplazo y sigue adelante” 

No se le ha dado el espacio que realmente necesita.

Es por eso que hay que darnos tiempo, reflexionar, agradecer, cerrar, llorar todo lo que sea necesario, hablar de ello y cuidarnos mucho.

Cada despedida es un nuevo comienzo pero hay que darle espacio para que muera esa parte de nosotros que se va y se despide con aquello que nos deja y darle la bienvenida a lo que viene. 

Todo a su tiempo.

Los cambios y transiciones hacen parte de nuestra vida. De hecho nuestra existencia en este mundo comienza con un cambio drástico cuando salimos del vientre caliente de nuestra madre al nacer.

Venimos del cambio, nacemos con él y sin embargo se nos dificulta un montón cuando llega a nuestra vida. 

¿Por qué se nos dificulta tanto el cambio? 

Porque insistimos en controlarlo todo.  

En este mundo moderno en donde todo está manejado por apps, computadores, y tecnología, creemos que estamos en control. Y no hay paz más grande y tranquilidad mayor que cuando soltamos esa necesidad de manejarlo todo y aceptamos nuestro presente, aquí y ahora tal y como es. Es solo en esa aceptación cuando logramos estar en paz con los cambios. Y también con la pérdida de seres queridos.

Otra cosa que nos impide aceptar los cambios y hacer los duelos como debemos hacerlos, es nuestra fina y sana costumbre de echarle la culpa a todo lo que nos pasa a los demás. 

Alguna vez pensamos que  el gobierno es el responsable de nuestras tragedias, otras veces nuestros padres, nuestro jefe…. 

Nunca, o rarísima vez, tenemos la valentía de asumir nuestra responsabilidad y aceptar que somos los únicos responsables de todo, de absolutamente todo lo que nos pasa.

Obviamente no somos responsables de la muerte de nuestros seres queridos, pero sí lo somos de nuestra salud mental y de cómo gestionamos el dolor.

Si hay una pandemia, la muerte de alguien o una pérdida de trabajo, está en nuestras manos la manera como vamos a reaccionar. Nadie es responsable de eso. 

Solo nosotros.

Hay que reconocer el problema y asumir el dolor. Muchas personas van a anestesiar ese dolor con alcohol y drogas y otras verán un rayito de luz en ese problema y poco a poco irán encontrando la solución o sabrán manejar y digerir el dolor.

Es así cómo sucede el crecimiento personal y espiritual.

Y para ello debemos ser nuestros mejores amigos. Conocernos , querernos y ser absolutamente incondicionales con nosotros mismos.

Todo desde el amor y la paciencia.  

Es la relación con nosotros la que determinará la relación con los demás.

Cuando tenemos una relación fuerte con nosotros y con los demás contamos con un círculo de amigos y familiares que nos ayudarán a transitar por el dolor.

Además de tener fuertes relaciones personales es importante aprender a gestionar nuestras emociones y sentimientos. Escribir, hablar, expresar todo lo que está en nuestro corazón. 

Debemos también entender que todo tiene un tiempo. Así que el ejercicio de la paciencia es crucial.

Meditar y hacer yoga o hacer algún ejercicio físico es vital. 

La rutina es también importante a la hora de hacer un duelo. Nos da estructura. 

Recuerda que necesitas por lo menos 21 días para aprender una nueva rutina y esto será clave para tener paz mental. 

Por ejemplo, si acabas de perder tu empleo, tienes una rutina establecida alrededor de él. Así que elige algo que ocupe tu tiempo de manera productiva durante ese tiempo e instala una nueva rutina. Ten en cuenta: necesitarás tiempo, paciencia y disciplina

Si alguien muere, te sugiero que escribas durante 21 días. Lleva un diario, expresa todo lo que sientes. Es un proceso bastante liberador!

 

Personalmente tengo diferentes maneras de vivir el duelo

Actualmente vivo mi proceso de duelo por la muerte de mi gata quien decidió irse a formar parte de mi equipo de ángeles guardianes el 5 de agosto. Aún no me acostumbro y tomará tiempo adaptarme a su ausencia. 

Pero elijo un sentimiento infinito de gratitud hacia ella que hace que de alguna forma el dolor se torne poco a poco más suave.

Algo para tener en cuenta a la hora de enfrentarte al duelo: No pierdas la esperanza. A veces el camino parece intransitable pero con la ayuda de un terapeuta o de tu círculo cercano de amigos vas a lograrlo. Sin afán, sin reemplazos a la ligera, sin decisiones precipitadas. Tómate todo el tiempo necesario. Es tu proceso y debes honrarlo y vivirlo a profundidad.

¿Qué haces tú para lidiar con los cambios y  manejar el duelo?

 

Luisa Convers

www.luisaconvers.com

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