Una separación, la perimenopausia, una migración, la muerte de alguien que amas, los hijos que se van, un trabajo que ya no te representa. El detonante cambia, pero el mapa se parece mucho. Ponerle nombre a lo que se mueve ya calma una parte del caos.
Lo que suele moverse
Ya no responde igual
Duermes distinto, te cansas antes, lo que antes funcionaba deja de funcionar. Si algo te preocupa, consulta con tu médica; y mientras tanto, escúchalo.
Ruido sin descanso
Das vueltas a lo mismo, te cuesta decidir, olvidas cosas pequeñas. La cabeza intenta resolver lo que todavía no tiene forma.
Olas que no entiendes
Lloras sin razón aparente, o sientes enojo donde antes había paciencia. A veces no sientes nada, y eso también pesa.
Todo se reacomoda
Cuando tú cambias, cambia tu lugar en la familia, en la pareja, con tus amigas. Algunas relaciones crecen contigo. Otras no.
¿Y ahora qué?
Lo que te daba sentido ya no te alcanza. Esta es la pregunta más incómoda, y también la más fértil.
Por dónde empezar
Lee las cinco y elige solo una: la que hoy pesa más. No las cinco. Una. Date una semana para prestarle atención, sin obligarte a resolverla. Escribe qué aparece.
Muchas veces, cuando una se ordena un poco, las demás empiezan a respirar.
No estás rota. Estás en medio de algo que todavía no tiene forma.
He atravesado varias veces ese lugar en el que nada encaja: después de migrar, de perder a mi madre, de perder al padre de mi hijo. Lo que aprendí es que el desorden no es el final del camino. Muchas veces es el principio.